jueves, 10 de febrero de 2011

El brebaje de los chinos

Con motivo del año nuevo chino la semana pasada reservé mesa (bueno, me presenté sin más) en mi restaurante chino de cabecera. Uno de los buenos, con hologramas de cascadas en los cuadros y un acuario en la entrada, como debe ser. Optamos, por supuesto, por el menú especial de fin de año al que no le faltaba de nada, y decidimos aderezarlo con la mejor bebida inventada hasta la fecha cuya receta es más codiciada que la de la coca cola. En efecto, estoy hablando de la sangría de los chinos.

Desconozco cuáles son sus ingredientes y las proporciones, lo que sí sé es que no es una sangría normal. Especialmente dulce y especialmente emborrachante. Pero ¿qué lleva? ¿Alguien ha visto alguna vez cómo la preparan? Existe una leyenda urbana que dice que le añaden licor de lagarto y por eso te deja un leve mareillo tras la primera copa (porque la sangría de los chinos se toma en copa), otros afirman haber sido testigos mientras echaban cantidades ingentes de azúcar, pero todo son conjeturas. Además, nunca he visto ni un trozo de fruta en esas jarras con lo que el sabor afrutado debe venir de otro sitio…

Otra cosa curiosa es que en algunos restaurantes chinos te sirven un poquito para que la pruebes, como si hubieras pedido un Pingus del 96 (no tengo ni idea de vinos, lo he mirado en Google). Lo de catar la sangría me parece de nota, y ¿qué esperan que digas? No, está picada, por favor descorche otra. Y ¿por qué sonríen tanto mientras te la sirven? Algo traman, de eso estoy segura.

En Internet he encontrado algunos foros que también hablan de esta misteriosa bebida, sus beneficios y propiedades, lo buena que está, por qué su efecto es el mismo que el de cuatro copas… pero nadie conoce su receta. Yo reconozco que, sin saber lo que lleva, pocas veces puedo resistirme a sus encantos, pese que a partir de la segunda copa empiezo a ver borroso el pollo al limón.

En  mi modesta opinión, creo que los chinos la han elaborado como parte de su plan para dominar el mundo. Mientras nosotros nos relajamos y reímos con ese exótico brebaje ellos analizan nuestras debilidades y perfeccionan su estrategia para acabar con nosotros a base de sangría. Qué listos son, como saben dónde nos duele.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Sopa de letras

Existe una dolencia que suele afectar a los padres de edad avanzada que, en muchos casos, se disimula durante años y no es diagnosticada a tiempo. Se trata de ese mal que provoca la incapacidad de pronunciar correctamente las consonantes a final de palabra.

De pequeña me dí cuenta de que algo pasaba porque mi madre no me llevaba a merendar al vips como a las demás, ella decía que íbamos al vic, sin quedarme muy claro si se refería a la localidad catalana o a ese boli que si es naranja escribe fino y si es cristal escribe normal. Además, para mis padres yo no estudié BUP, sino BUZ; quién les iba a decir que años después crearían un juego de preguntas para la PlayStation basándose en su idea.

El problema se agravó cuando abrieron en España el primer FNAC, que en mi casa siempre fue la “esnar”, “esnas”,”eftarss” y vocablos similares del todo ininteligibles. Ahí fue cuando me dí cuenta de que no había cura posible ni vuelta atrás, mis padres tenían incorrectusconsonantepronunciatis, una dolencia cuyo nombre en latín significa “incapacidad para pronunciar correctamente palabras terminadas en consonante y tras cuya errónea pronunciación el sujeto es sometido a burla y escarnio por parte de sus vástagos”.

Pero ¿Es esto un problema generalizado? ¿Será que a partir de cierta edad perdemos la capacidad de pronunciar correctamente ciertas letras? Me pregunto en qué momento se produce el punto de inflexión y empezamos a flojear en este aspecto. Deberían crear escuelas o asociaciones de ayuda donde nos enseñaran algunos ejercicios para retrasar este terrible mal.

Supongo que lo mejor es resignarse y aceptar que, probablemente, dentro de unos años quedaremos con nuestros amigos para ver el futbor en un puz que habremos encontrado en Interned y charlaremos de algún evento que hemos visto en fisbur. Además, seguiremos yendo a casa de nuestras madres para traernos comida en un tupes wares y no ir tanto al burguer kint o al macdonar; y los domingos, después del vermud, iremos de compras a un outles, que siempre es más económico.

martes, 8 de febrero de 2011

Palomitas y otros vicios

Con la excusa de que ahora se puede comer en el cine (por lo menos en el que voy yo) cada vez que voy a ver una película me toca sentarme al lado de alguien con nachos extragrandes y el cubo XXL de palomitas. Hombre, a mí también me gusta comer palomitas en el cine pero si no sabes masticar con la boca cerrada y sin hacer ruido creo que deberías optar por ver un DVD en casa.

Incluso, recuerdo una ocasión en la que, lejos de mantener el decoro y la prudencia en un lugar lleno de desconocidos, una familia llegó con las bolsas del Burguer King. Claro que sí, hombre, ¡como en casa! Por lo menos tuvieron la deferencia de sentarse en primera fila para no dejarle el pelo al de enfrente perdidito de Ketchup. Si se sienta alguien así a tu lado, ¿qué haces? ¿Le coges una patata? Total, si no puedes con el enemigo… Se pongan como se pongan es imposible comerse un menú wopper gigante con extra de todo sin hacer ruido y sin, por supuesto, dejar la sala con un delicioso aroma, vamos mejor que el 3D.

Ésta es la prueba de que muchos de nosotros si nos dan la mano cogemos el brazo entero. Que se puede llevar comida al cine, pues todos con las tortillas y los pimientos en un tupper. Es como cuando le dices a un amigo esa frase hecha española tan bonita “estás en tu casa” y de repente se levanta a ver lo que tienes en la nevera, o lo de “cuando vayas por Madrid, llámame” y vaya si te llama… ¿Por qué seremos tan bocazas? Yo, que tengo el don de la inoportunidad, he perdido varias amistades por hacerme la simpática. “Si necesitas ayuda para la mudanza llámame”, “si quieres que me quede un día con el niño me dices” “voy a comprar, si necesitas algo…” Y una vez que te has ofrecido ¿cómo das marcha atrás? Por mucho que lo intentes te han pillado, y ellos lo saben. Durante ese año te pasas todos los fines de semana pringando en mudanzas, cuidando a los niños de tus amigos y haciéndoles la compra, mientras lo único que quieres es ir al cine a comerte una hamburguesa.

lunes, 7 de febrero de 2011

Dependientas sin piedad


El otro día fui a comprarme una crema hidratante. Como no lo tenía muy claro pregunté a la dependienta para escuchar sus recomendaciones, pero no estaba preparada para lo que iba a encontrarme: me recomendó una crema antiarrugas. La miré con los ojos como platos esperando que al verme bien se diera cuenta de su error y pudiera rectificar. En fin, un error lo tiene cualquiera; problamente está acostumbrada a atender a mujeres maduras y se ha equivocado. Pero tras una leve mirada asesina por mi parte no reculó, es más, no contenta con eso me dedicó una sonrisa, como si se estuviera riendo de mis primeras patas de gallo. Y ahí me quedé, decidiendo si asumir la realidad y comprar mi primera antiarrugas o hacerme la ofendida y dar media vuelta. Como soy débil, agaché la cabeza y me la compré, aunque la dependienda no debía estar satisfecha aún porque no pudo contener un “ya hay que empezar a cuidarse…”.

Pero ¿esa sinceridad es realmente necesaria? Recuerdo que hace tiempo fui a comprarme unas medias y al no encontrar mi talla busqué en la seción de niñas (total, a los 14 años ya son más altas que yo…) cuando encontré el color que buscaba, la dependienta de la caja me dijo bien alto (por lo menos había 6 personas en la cola, con lo que la humillación fue completa) “perdona, pero esas son de niña”, a lo que yo muy digna contesté “bueno, soy bajita, yo creo que me valen”  y henchida de rencor, como enfadada con las bajitas del mundo la muy…me soltó un “ya, pero de ancho no”. Reconozco que no supe que decir, las dejé en su sitio y salí de allí lo antes posible dejando dentro mi orgullo. 

Creo que algunas dependientas deberían recibir clases de sensibilidad porque, sinceramente, yo hubiera preferido comprarmelas tranquilamente, creyéndome joven y delgada como una quinceañera, y llegar a mi casa tan contenta con mis medias de la talla 13-14 años. Sí, probablemente habría tenido que ir de nuevo a devolverlas pero hasta ese momento la felicidad habría sido completa. Es como cuando la peluquera me recuerda la cantidad de canas que me han salido en la parte de atrás del pelo. Si no las veo, no necesito saber qué están ahí, muchas gracias.

¿Será una especie de venganza? ¿Estarán las dependientas del mundo bajo un complot que pretende minar nuestras autoestimas para que compremos sin parar? Si es así propongo que nos levantemos en armas y nos unamos contra el enemigo. De momento, yo he creado la asociación de afectadas por los comentarios ofensivos de las dependienas, la A.C.O.D, ¿te afilias?

viernes, 4 de febrero de 2011

Escaquin at work

Todos tenemos nuestros pequeños trucos para disimular en esos días en los que nos apetece estar ociosos en el trabajo. Escuchar un poco de música, ver un par de videos de you tube, algún blog… todo sin que se note y que parezca que ha sido una jornada de lo más productiva.

Un conocido me relató hace poco su impactante testimonio: consigue dormirse en el trabajo sin que nadie lo note. Papeles sobre la mesa, el cuello ligeramente inclinado y cara de concentración. Lo curioso es que su jefe está justo detrás! Dice que tiene un sueño ligero y que si le llaman se despierta, así que no hay peligro. Todo un maestro.

Yo hasta ahí todavía no he llegado; seguro que caería a plomo sobre el teclado y me pillarían seguro. Pero hay otros pequeños trucos fáciles de poner en práctica. Evidentemente, todos tenemos alguna página abierta que no es de trabajo, ya sea facebook, el correo personal, o alguna chorrada que nos ha mandado alguien por mail, y todos hacemos lo mismo, tener algún documento “serio” abierto para camuflarlo rápidamente si viene alguien.

El otro día, mi jefe vino a mi sitio y me pidió que le buscara no sé que página, cuando abrí mi lista de favoritos me di cuenta de que las 30 páginas que tenía eran de todo menos de trabajo… ehh ... bueno… debe estar por aquí… Me pilló seguro.

Pero si nos descubren navegando por Facebook y demás siempre podemos decir que estamos viendo lo que hace la competencia en las redes sociales, analizando el mercado, que queda muy profesional. Si queremos atender una llamada personal podemos disimular contestando la llamada con un, ¿cómo? ¿No te ha llegado el envío? Voy a recepción a ver que ha pasado… así tenemos vía libre para salir y charlar tranquilamente lejos de oídos indiscretos. Y ya, si lo que queremos es aprovechar un ratillo muerto y salir a comprar un recadito, podemos inventarnos una reunión con quien mejor nos parezca o, si no es factible, un “voy un segundito a la planta de arriba”, que no puede fallar. Eso sí, para no levantar sospechas, nada de bolso y abrigo, la cartera en el bolsillo y unos cuantos folios en la mano.

Pero ¿qué sería de nosotros sin esos momentos de asueto, en los que el tiempo pasa lentamente y la única prioridad es consultar las ofertas de vuelos para el próximo fin de semana? Bueno, os dejo, que viene el jefe!

Por cierto la imagen es de www.wrapanap.com, sencillamente genial.

jueves, 3 de febrero de 2011

En forma


Con el nuevo año (ya sé que empezó hace un mes, pero me lo tomo con calma) me he propuesto retomar hábitos saludables como el deporte, que la dureza del culo es inversamente proporcional a los años que cumples. Tengo algunas dudas, no sé si optar por el megagimnasio de tropecientos euros al mes o idear un programa de ejercicios por mi cuenta que dada mi experiencia anterior y mi fuerza de voluntad para el deporte haré con el mayor de mis esfuerzos y dedicación durante aproximadamente dos días.

El megagimnasio sería una buena opción, pero los seis meses que estuve apuntada hace dos años no me reportaron lo que buscaba. Es cierto que no iba todo lo que debiera pero creo que tenía razones suficientes para no ir. En primer lugar, todo el mundo estaba en forma y eso no me gustaba nada ¿es que no había nadie nuevo como yo? Se me ocurrió entrar en una clase de step, con la música y los movimientos supuse que sería divertido. Nada más lejos. Una monitora loca que no hacía más que gritar empezó a moverse de forma convulsiva de una lado a otro; pese a que intentaba seguirla, mi mente y mis pies van a distinto ritmo y más que hacer step parecía chiquito de la calzada en estado ebrio, moviéndome sin sentido de delante a atrás. El ridículo fue mayor cuando vi que toda la clase seguía los ejercicios sin problemas. Así que esa fue mi última clase de step.

Decidí probar algo más sencillo, quizá me había precipitado con algo tan enérgico que estaba claro que requería ciertas cualidades físicas y mentales y que yo, después de aguantar 8 horas a mi jefe, no tengo. Así que al día siguiente lo intenté con body balance o algo así, que según el monitor al que pregunté “consigue llevar a nuestro cuerpo y nuestra mente a un estado de equilibrio y armonía”. Perfecto, justo lo que necesito. La clase empezó con algo de relajación, bien, esto sé hacerlo, y poco a poco fuimos adoptando posturas, cada cual más difícil y comprometida. Cuando me estaba dando con la rodilla en la cara a punto de que se me rompiera algún tendón, me di cuenta que no me sentía ni armónica ni equilibrada y que mi chandal de bershka no iba a aguantar semejante ritmo.

Tras varias experiencias de este tipo abandoné el gimnasio y todas las posibilidades de alcanzar un cuerpo 10. Ahora me pregunto si podría volver a enfrentarme a aquello o si es mejor que me apunte a gimnasia de mantenimiento con las jubiladas de mi barrio.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Abstinencia

Comiendo con unas amigas, una de ellas nos confesó (de hecho lo dijo abiertamente sin que nadie preguntara) que hacía un mes que no tenía relaciones (lo llamaré así por mantener un lenguaje fino y elegante) con su novio, que estaba cansada y no le apetecía. Rápidamente pensé —qué lastima, con lo joven que es— un mes… parece que no, pero es tiempo oye.

Si es que dios da pan al que no tiene dientes… cuando no tienes pareja andas al acecho sin dejar pasar una buena oportunidad por miedo a no volver a catar macho en mucho tiempo, y cuando la tienes, estás cansada. Mi amiga la abstinente decía que había animado a su novio a paliar sus necesidades él mismo, que también es muy sano, aunque tras nuestras presiones acepto hacer un esfuerzo y poner fin al periodo de castidad (tengo que preguntarle cómo fue la cosa).

En fin, que una vez abierto el debate surgieron algunos temas interesantes, como el uso de determinados juguetes, a lo que Pilar, la mayor de todas, casada con hijo, vaya, una mujer hecha y derecha, afirmó que lo de los juguetes, vibradores y demás era un tópico.
¿Un tópico? ¿Qué significa eso? Por supuesto no los ha probado pero está convencida de que eso no vale para nada. Pobre.

Una vez que llegamos al delicado tema de las bolas chinas, el único chico del grupo nos aconsejó usarlas porque van muy bien para “apretar”. Pero ¿apretar el qué? ¿Es que hay que apretar algo? Ay dios mío…. la pregunta es ¿cuándo se aprieta? ¿cuánto? ¿Es posible que en el punto álgido me deje llevar y le haga un roto al muchacho? Desde luego me han pillado, toda mi vida pensando que nadie tenía queja y ahora me entero de que hay que “apretar”.

Pero esto es renovarse o morir, esta misma tarde me las compro y empiezo a practicar, que más vale “pájaro” en “mano” que ciento volando.